domingo, 21 de febrero de 2010

-Gregorio Mayoral Sendino. Un ejecutor muy fino.

Si en el desarrollo de la siniestra profesión de verdugo pudiera darse un momento de gloria, el del burgalés Gregorio Mayoral Sendino se produjo el 20 de agosto de 1897. Ese día, este funcionario con fama de fino estilista de la cosa había sido reclamado para ejecutar a garrote vil a un reo muy especial: el anarquista italiano Michele Angiolillo, quien días antes había asesinado al presidente del Gobierno, Antonio Cánovas del Castillo. Eran las once de la mañana. Gregorio Mayoral -bajito, regordete, de rostro cetrino y expresión tranquila- subió los doce peldaños del cadalso improvisado en el patio de la cárcel de Vergara, donde le esperaba un pálido condenado. Dispuso los hierros de la mortal argolla e hizo su trabajo. Cuando lo concluyó, cubrió el rostro del ejecutado con un paño negro y se marchó igual de silencioso y sereno por donde había llegado.

La flema de este verdugo, titular de la Audiencia de Burgos durante décadas, estaba a la altura de su habilidad para tan espeluznante cometido. Había nacido en Cabia en 1863, en el seno de una mísera familia que pronto se trasladó a la capital para seguir malviviendo, a pesar de que él trató de ganarse la vida: fue pastor, zapatero, peón de albañil e incluso hizo sus pinitos en la milicia, pero no tenía espíritu castrense. Así, desempleado y al cargo de su anciana madre, un letrado amigo de la familia se presentó un día en su casa con un posible trabajo: un empleo del Estado que había quedado vacante y que saldría en breve a concurso.

Las 1.750 pesetas anuales con que le anunciaron la oferta pudieron más que la escalofriante ocupación a que atendía la proposición de marras, y a pesar de los llantos de la madre, que no quería un hijo en esas lides, la plaza fue suya por delante de otros dos candidatos merced a los méritos de haber servido en el ejército.
Como el Amadeo de la inolvidable película El verdugo, escrita por Rafael Azcona y dirigida por Luis García Berlanga -quienes posiblemente se inspiraran en el burgalés, toda una leyenda entre los ministros ejecutores de justicia, para más de un rasgo del papel bordado por Pepe Isbert-, Gregorio Mayoral asumió siempre su oficio con naturalidad, como si despachar a los condenados fuera ejercicio tan normal como tramitar un expediente de aguas, que escribió en una ocasión el ensayista leonés Ricardo Gullón tras entrevistarlo en Burgos poco antes de su muerte. Existen testimonios como éste que reflejan esa campechanía e impavidez ante el hecho de dar muerte a un reo. Entrevistado en una ocasión por José Samperio, respondió, quitándole hierro al asunto, que ésta, al fin y al cabo, sólo trata de cumplir órdenes, siendo más grave la sentencia que el cumplimiento de la misma.

Su bautismo de fuego tardó dos años en llegar; en ese tiempo, Gregorio Mayoral conoció a fondo los misterios de aquella máquina terrible, a la que introdujo, con el paso de los años, una serie de mejoras que él decía humanizaban el cumplimiento de la pena capital. Gracias a estas investigaciones alcanzó gran destreza con el garrote, logrando una inusitada rapidez en la ejecución que le evitaba al convicto más sufrimientos que los estrictamente ineludibles. Su fama de diestro matarife le llevó por toda España. A cada ejecución se llevaba sus utensilios (la guitarra, decía con negro humor en referencia a la maleta en que los portaba), harto como estaba, decía, de encontrar aparatos en estados lamentables allá donde acudía.

En la misma entrevista con José Samperio describió casi jovialmente, con entusiasmo, las mejoras realizadas en el arma mortal: «No hace ni un pellizco, ni un rasguño, ni nada; es casi instantáneo, tres cuartos de vuelta y en dos segundos...». Declaraciones como ésta revelan lo que ser verdugo significó para este burgalés: un trabajo más, como otro cualquiera, que no le procuró nunca mal de conciencia alguno. Así de gráficamente se lo contó a Samperio: «Yo tengo la conciencia tranquila y duermo como un lirón. Solamente una vez soñé que ahí enfrente estaban despidiendo a uno y me pareció muy raro que no fuera yo el qu
e manejaba el aparato. Creí que me habían dejado cesante», aseveró.

Su primera ejecución fue en Miranda de Ebro en 1892. El reo, un cabo llamado Domingo Bezares que había dado muerte de un sablazo a un joven recluta al que después había lanzado al Ebro. Además del ajusticiamiento de Angiolillo, Mayoral tomó parte en otro de gran repercusión en toda España, ya que se trató de caso triple. Sucedió en 1924, en plena dictadura de Primo de Rivera. Se conoce como ‘El crimen del Expreso de Andalucía’. El verdugo burgalés fue el encargado, junto al de Madrid, llamado Casimiro Municio, de dar garrote a los tres ladrones y asesinos que asaltaron el convoy segando la vida de dos encargados. De este crimen hizo Uribe una película y el Museo de Cera de Madrid lo recrea tan vivamente que su sola contemplación estremece al visitante.

Mayoral fue admirado por verdugos coetáneos, que resaltaban siempre que podían «la precisión y rapidez» del aparato que manejaba su compañero de Burgos, al que algunos bautizaron como ‘el abuelo’, ya que estuvo más de cuarenta años desempeñando este oficio. Y es que el burgalés no dejó de trabajar hasta su muerte, natural por más señas. Aunque nunca le incomodaron los fantasmas de las sesenta personas a las que envió con pulso firme al otro mundo, vivió angustiado sus últimos días en una casa pobre y oscura del arrabal burgalés al cuidado de su nieta Paquita (ya era viudo por aquel entonces) toda vez que su hija y madre de la pequeña se había fugado con un soldado. Aquellas manos gruesas y fuertes que tantos cuellos atornillaron mimaron con delicadeza y cariño a aquella pequeña: la lavaron, la vistieron, la dieron de comer, la acompañaron a la escuela... Gregorio Mayoral Sendino murió en octubre de 1928 con 65 años y la conciencia en paz.   
Fuente: R. Pérez Barredo  www.diariodeburgos.es

2 comentarios:

  1. Otra entrada curiosa, aunque realmente esto de las ejecuciones es un tema que no me apasiona. Pero tu blog esta genial y si que me gusta mucho.

    Un saludo.

    http://espinosamontanasdeburgos.blogspot.com/

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